Gastaron
más de lo que esperaban.
No malgastaron, sino
que todo salió más caro
de lo que se pensaba.
Anoche, en medio de la noche, un sinsonte:
Sinsonte,
cenzontle, sentsontli, voces infinitas
entre los mangos bizcochuelos.
Gastaron
más, sí,
pero no fue por gusto; fue simplemente
que todo salió de otra
manera:
y el pájaro anunció otros días soleados
en medio de la noche.
Mañana
pasarán a buscar más papeles.
Yo entregué todo hace meses,
los papeles
enteros y los rotos.
No me importa si se citan
delante de la cerca y
la rompen
para entrar de noche.
Cuando atravieses el río
—en esta
apartada orilla—,
yo entregaré todo
(todo):
pero no vale la pena que
llegues.
Ya rompí todos los vasos
para no dar ni agua.
Vuelve
otra vez.
Repite lo que ya sabemos:
regresa.
Si desaparecen todos los
rastros del camino,
si se derrumban todos los tejados de teja
o de hormigón.
Incluso
si nada más quedan los árboles
y el Purgatorio arrasa con su puente.
Vuelve.
El
campo de forraje ya no sirve,
el platanal se acostó contra la arcilla,
se
deslavó el barro,
el asfalto se fue.
Vuelve. Una vez nada más.
¿Bastaría
un solo beso? ¿Otro?
¿Bastaría una vez?
2
Marina salió al
portal
a buscar fresco:
la miraba el lagarto,
el clarín color carne,
la
piedra percudida.
No había quietud.
El frente de la casa hedía a cilantro,
que
es como decir a sopa.
Huyeron la sombra en la ventana,
el canto delnegrito de ojo’asule
(que rimaba con hule):
el agua sacó la mayor parte.
¿No
hay que ser héroe?
¿Se puede esperar la inundación?
3
Juraba que
nunca lo había visto,
le quemaban el costado y las uñas
y seguía jurando.
Yo
sí lo vi.
Mientras los vecinos salían con sus esposas
o abrazaban a
las chicas detrás de las matas de guayaba,
yo hice lo necesario.
Juraba que ese viejo
pagaría,
que todo era un truco para estar bien cerca.
Y pagó.
Mientras
los vecinos reparaban sus cacharros
y traían agua desde la cisterna,
mientras
el cielo se agitaba
y ya no se podía seguir
jugando dominó.
4
Recuerdo bien, y fue sólo unos minutos después
[del medio día:
comenzaron a flotar palitos y hojas:
cómo pensar que
basta con regresar una vez.
Era un clérigo
y vivía justo
frente al camino real, y a su derecha le pasaba ese
[río:
no era que se conformase con los dos esclavos que
[tenía,
es que de dónde iba a sacar para más.
Invadir, rajar, torcer.
¡Dios, se están yendo los atajos, los sembrados y las
[vigas!
¡Se están yendo mi lengua y mi deseo
—aplastar todo
un arroyo
así sin importancia—
en una inundación del Purgatorio!
5
Al fin
has visto.
Lo que pensabas era cierto: cambiaste aquel dolor
por éste,
que
se soporta muchísimo mejor.
El cigarrillo y el tazón de café.
Las luces
verdes a través
de las rejas,
los faros y el aire de la cuesta
como
si ya fuese a amanecer.
Es otra vez la inundación
del Purgatorio.