DECIR DEL AGUA /
Sexta entrega / Abril de 2004 / página 12

Gastaron más de lo que esperaban.

No malgastaron, sino

que todo salió más caro de lo que se pensaba.

 

Anoche, en medio de la noche, un sinsonte:

Sinsonte, cenzontle, sentsontli, voces infinitas

entre los mangos bizcochuelos.

 

Gastaron más, sí,

pero no fue por gusto; fue simplemente

que todo salió de otra manera:

y el pájaro anunció otros días soleados

en medio de la noche.

Selección de poemas de Antonio Desquirón
(continuación)
GASTARON MÁS
(Inédito)

Mañana pasarán a buscar más papeles.

Yo entregué todo hace meses,

los papeles enteros y los rotos.

No me importa si se citan

delante de la cerca y la rompen

 para entrar de noche.

Cuando atravieses el río

—en esta apartada orilla—,

yo entregaré todo

(todo):

pero no vale la pena que llegues.

 

Ya rompí todos los vasos

para no dar ni agua.

(Inédito)
DON JUAN
Antonio Desquirón cuando niño, acompañado de una tía (Eloína) y de varios primos y primas, así como de su hermana Virginia (la segunda, de izq. a der., de perfil). El poeta es el penúltimo. La foto fue tomada junto al río Cutara, en Cuabitas, Santiago de Cuba, en 1952 ó 1953.

Vuelve otra vez.

Repite lo que ya sabemos:

regresa.

Si desaparecen todos los rastros del camino,

si se derrumban todos los tejados de teja

o de hormigón.

Incluso si nada más quedan los árboles

y el Purgatorio arrasa con su puente.

Vuelve.

El campo de forraje ya no sirve,

el platanal se acostó contra la arcilla,

se deslavó el barro,

el asfalto se fue.

Vuelve. Una vez nada más.

¿Bastaría un solo beso? ¿Otro?

¿Bastaría una vez?

 

 

2

Marina salió al portal

a buscar fresco:

la miraba el lagarto,

el clarín color carne,

la piedra percudida.

No había quietud.

El frente de la casa hedía a cilantro,

que es como decir a sopa.

Huyeron la sombra en la ventana,

el canto delnegrito de ojo’asule

(que rimaba con hule):

el agua sacó la mayor parte.

¿No hay que ser héroe?

¿Se puede esperar la inundación?

 

3

Juraba que nunca lo había visto,

le quemaban el costado y las uñas

y seguía jurando.

Yo sí lo vi.

Mientras los vecinos salían con sus esposas

o abrazaban a las chicas detrás de las matas de guayaba,

yo hice lo necesario.

INUNDACIÓN DEL RÍO PURGATORIO

Juraba que ese viejo pagaría,

que todo era un truco para estar bien cerca.

Y pagó.

Mientras los vecinos reparaban sus cacharros

y traían agua desde la cisterna,

mientras el cielo se agitaba

y ya no se podía seguir

jugando dominó.

 

4

Recuerdo bien, y fue sólo unos minutos después

          [del medio día:

comenzaron a flotar palitos y hojas:

cómo pensar que basta con regresar una vez.

Era un clérigo

y vivía justo

frente al camino real, y a su derecha le pasaba ese

       [río:

no era que se conformase con los dos esclavos que

       [tenía,

es que de dónde iba a sacar para más.

Invadir, rajar, torcer.

¡Dios, se están yendo los atajos, los sembrados y las

       [vigas!

¡Se están yendo mi lengua y mi deseo

—aplastar todo

un arroyo así sin importancia—

en una inundación del Purgatorio!

 

5

Al fin has visto.

Lo que pensabas era cierto: cambiaste aquel dolor

por éste,

que se soporta muchísimo mejor.

El cigarrillo y el tazón de café.

Las luces verdes a través

de las rejas,

los faros y el aire de la cuesta

como si ya fuese a amanecer.

Es otra vez la inundación

del Purgatorio.

(Inédito)
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