DECIR DEL AGUA /
Sexta entrega / Abril de 2004 / página 10
OTROS ÁMBITOS
En elogio de Antonio Desquirón
El poeta Antonio Desquirón en La Gran Piedra, cerca de Santiago de Cuba. Foto tomada en 1966.
CUATRO DÉCADAS DE CONSTANCIA
Carlos Victoria
Leí los primeros poemas de Antonio Desquirón hace más de 35 años, cuando ambos estudiábamos en la Universidad de La Habana. Admiré en ese entonces su capacidad de transformar la realidad en metáforas simples, cargadas de sorpresas, sugerencias y sobresaltos.

Los accidentes de la vida cotidiana, el tejido intrincado de los afectos y los deseos, las altas y bajas de las circunstancias, el entorno insomne y opresivo aparecían en su obra desposeídos de todo ornamento, pero a la vez impregnados de imaginación y misterio.

Casi cuatro décadas después (cuatro convulsas décadas), admiro aún más esa fidelidad del poeta a sí mismo, esa destreza para desconcertar sin recurrir a vanos rebuscamientos ni ardides chabacanos, ese estilo sobrio y por momentos áspero, que sin traicionarse se ha depurado y enriquecido con el paso de los años.

Pocos poetas cubanos vivos me despiertan con sus versos el interés de adivinar, averiguar y reflexionar que Antonio Desquirón con los suyos. Su poesía dice al callar, revela al ocultar, orienta al confundir. En esta paradoja está la clave de su originalidad y su mérito.

David Lago González
La envidia, la miseria humana, ya sea padecidas individualmente o desde fuentes “organizadas” en maquiavélicos conciliábulos, han sido una constante en la vida del poeta santiaguero Antonio Desquirón. También la brillantez, la agudeza, el convencimiento profundo de ser alguien y su proyección externa, han estado en el otro platillo de la balanza, contrapesando la mediocridad del medio amargado y peligrosamente ambicioso. De nuestro grupo, quien verdaderamente tuvo y tiene vocación intelectual (en el más amplio y honroso sentido del término) es el poeta amigo que hoy se baña en el decir de estas aguas.

Sería fútil omitir que tal estado de cosas no ha influido en su discurso poético. ¿Lo ha engrandecido? ¿Son mejores versos los producidos tras la digestión de lo sazonado en tales caldos? ¿Cómo serían aquellos que no escribió? Sería estúpido o falsamente compensatorio tratar de justificar su poesía por la existencia de los aditamentos que han intervenido en su elaboración; pero allí están, como el cuadro familiar, como el paisaje, como el agua caída en esa provincia de sobra lluviosa, como los besos, como los escalones del porche donde el escritor se sienta a disfrutar el último cigarrillo del día, con los rumores de la noche.

La validez de su poesía, independientemente de las formas, está en hacernos partícipes de cada instante, de cada uno de los hechos y las conclusiones, del leve olor a quemado que despide el tazón del café, una vez bebido, y el cenicero con las colillas, y el murmullo de los grillos que cada noche bajan el telón de su casa en Cuabitas, dejándonos la seguridad de que al día siguiente, al levantarlo, el poeta se regalará un verso. Un verso sonriente, cruel, feliz, amargo, hondo; pero nunca desafortunado. De alguna manera, algún día ese verso nos llegará y lo sentiremos de igual forma, porque su poesía tiene la virtud de la transparencia.
LA VIRTUD DE LA TRANSPARENCIA
(Madrid, 18 de abril de 2004)
La revista DECIR DEL AGUA se enorgullece en esta ocasión de haber podido organizar un homenaje al poeta santiaguero Antonio Desquirón, con la cooperación de éste, quien no sólo nos ha aportado poemas inéditos, sino también materiales de carácter personal entrañables: fotos de familia, recuerdos únicos, y otros textos que hemos incluido en las siguientes páginas. Hago constar aquí mi orgullo personal, por contarlo durante tanto tiempo entre mis amigos, y mi gratitud, por la ayuda que me dio ahora en esta tarea de editor. Conocí a Antonio a fines de los años 60 y mi admiración intelectual por él y su obra jamás ha disminuido: es un excelente poeta, pero también un ejemplo de magnanimidad, de proyección trascendente, de honestidad y serenidad ante los embates de lo anecdótico. Además, tiene en la literatura una fe inexpugnable, con la cual transforma en material poético todos sus panoramas inmediatos. Su obra se asienta con solidez en el horizonte. Por último, agradezco igualmente la generosidad de Carlos Victoria y David Lago González, cuyos textos fueron escritos especialmente para la presente edición de DECIR DEL AGUA.
Reinaldo García Ramos / Editor
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