Pero es hermosa esta muchacha.
Con un bosque en una mano.
Y
en la otra mano el cielo.
Es hermosa cuando toca el piano
con
una capa roja reluciente.
Cuando canta esos blues.
Oh, Blues...
Que
cuando termina el canto
uno está recogiendo diamantes
regados por el
suelo.
Yo recuerdo a esos negros en Biloxi.
Venían de la
iglesia arrastrando la piel
de un leopardo invisible como Dios.
Venían
con la selva en los overoles.
Un peine y un papel para hacer
música.
Y un carrusel que venía de lejos
escondido en la espalda.
Qué
bien.
Qué suave es el bagre y el fango
del Mississippi.
Fango
que se toma despacio
con encajes y mariposas que se
pegan a la garganta.
Después
viene una jaula y el río
asomándose a los barrotes.
Viene todo
lo perdido.
El rey del trono sin rey.
La sonrisa dentro
del pañuelo
para que no se la roben los blancos.
Ni blancos ni
negros.
Lo que yo quiero es un tren con las luces
encendidas.
Y
una montaña donde apoyar la cabeza.
Carlos A. Díaz Barrios (Camagüey, 1950)
salió de Cuba en 1980 por el Mariel y reside en Miami.
Dirige la Editorial La Torre de Papel. En 1994 recibió
el Premio de Poesía "Juan Ramón Jiménez" en Huelva, España, por su
libro "Oficio de responso", y el Premio Letras de Oro de la Universidad
de Miami por su poemario "La claridad del paisaje". Ha publicado
varias novelas, entre ellas "El jardín del tiempo" (1985).