DECIR DEL AGUA /
Quinta entrega / Enero de 2004 / página 2
deslumbrantes. Ya en esta entrega, como verán nuestros lectores asiduos, hemos incluido nuevas secciones, nuevos modos de recorrer las páginas, y así iremos en el futuro enriqueciendo nuestro viaje indagante por las aguas de la poesía.

En este número, por ejemplo, hemos creado dos zonas de expresión que estructuran su contenido: ESPACIO TEMÁTICO y OTROS ÁMBITOS. La primera de ellas gira en torno a un tema; la segunda estará dedicada a una figura de la poesía que consideremos necesario destacar, rescatar o simplemente releer. No hemos descartado, desde luego, la perspectiva de dedicar en el futuro números completos a una sola figura, como hicimos en las entregas 1 a 3 de nuestra revista. Por el contrario, iremos balanceando estas opciones, a fin de que los lectores no se aburran de estos mares arremolinados o apacibles.

También incorporamos en esta entrega la sección CORRESPONDENCIA, donde publicaremos una selección de los mensajes que recibamos de los lectores sobre nuestra labor. Aspiramos a que esta sección se vaya enriqueciendo con todo tipo de aportes e ideas de quienes en definitiva son su justificación: los lectores, esos individuos curiosos que, de repente y con un click del famoso ratón, se encuentren sumergidos en estos textos y disfruten de ellos según aparezcan, ordenados o dispersos en la constante recontruccion del océano.
Reinaldo García Ramos
Editor
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ESPACIO TEMÁTICO
Los poetas, sus hijos
Para inaugurar esta sección, presentamos una serie de poemas en que sus autores tocan, a veces tangencialmente, a veces de manera muy directa, a veces incluso con tonos irónicos o incrédulos, el tema de la descendencia; es decir, de los hijos de carne y hueso o de lo que el poeta ve o siente o cree sentir como legado físico, como desprendimiento vital.
Varios de los poetas invitados a colaborar en este número no tienen, o no quisieron hablar de, sus hijos reales, seres vivos que andan por el mundo; pero nuestra propuesta, desde luego, los abarca, pues desde un principio pensamos también en otras formas de la posteridad, en otra descendencia virtual. Así, los lectores se encontrarán aquí con seres o acompañantes que cada autor busca, ama o inventa, y que se parecen a los otros hijos, aunque a veces sean imaginarios, adoptados, soñados, ilícitos, incluso incestuosos o repudiados a medias.

José Martí nos reveló en su "Ismaelillo" su fervor ante el asombroso pequeñuelo que su facultad de procreación le había entregado, mientras Félix Lizárraga nos muestra en su texto la posibilidad de acercarse paródicamente a la misma experiencia. Irene Prieto, en versos diáfanos y apacibles, nos habla con orgullo de sus dos muchachos, resultados de una secreta labor de repostería existencial; Germán Guerra, por su parte, ante la perplejidad de un hijo perdido ("dormido rumbo a la noche larga") nos redefine el espacio en virtud de ese dolor: tanto el afuera como el adentro se juntan en su poema para aceptar los riesgos que toda creación propone. Iraida Iturralde, con su visita entusiasmada a las Infantas Irina y Alexandra, nos vuelva a mostrar un discurso poético conectado medularmente con el imprescindible mundo de la fábula infantil; Odette Alonso, por su parte, se adentra en ese temor cauteloso que la maternidad siempre entraña, piensa en el hijo como gesto de afirmación y de duda. En cambio, Rita Geada y Orlando Rossardi fluyen hacia otro reino; piensan en la descendencia con ingredientes diversos: ella parece decirnos que, antes de la progenie, hay que inventar el amor; él nos confiesa que sus mejores hijos son sus versos. Por último, Vicente Echerri y Roberto Valero nos llevan a terrenos impregnados de una tensión de otro carácter: el deseo de poseer la belleza y la proximidad de la muerte. Echerri le habla a un "hijo" por el que siente una pasión desconcertante, pero también una ternura que aspira a instruir a ese ser en ciertas magias. Valero, consciente de su inminente desaparición, conversa con sus dos hijas con la fe misteriosa del que ha descubierto una vinculación trascendente e indestructible, que le permitirá seguir velando por las pequeñas en el tiempo infinito.
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INTRODUCCIÓN (continuación)